miércoles, 19 de agosto de 2015

ENSAYO

ETNO MEDICINA: ¿UNA EXPRESIÓN CULTURAL DE
DISIDENCIA?

Etnomedicina es una palabra más próxima al sortilegio que a la conceptualización. Sin embargo el esfuerzo se amerita. Etnia proviene del griego clásico y significa pueblo o nación. Es decir una agrupación  de seres humanos que comparten ciertos rasgos culturales, estos grupos, excepcionalmente, representan una estructura política y la potestad de un territorio. Medicina  proviene del latín, que proviene del término “mederi” que significa curar, medicar.  Es la ciencia dedicada al estudio de las estrategias para el mantenimiento y recuperación de la salud, aplicándolo al diagnóstico, tratamiento, prevención de las enfermedades y promoción de la salud. Sin embargo etnomedicina no puede delimitarse al significante salud del pueblo desvelando la paradoja que son dos vocablos occidentales que pretenden conceptualizar lo no-occidental. Más próximos están los términos de  lógica de auto exploración, creencia, legitimidad, identidad, reconocimiento; aspectos más próximos a la disidencia con el modelo hegemónico occidental.

Añadir un parágrafo sobre el hibrido etnomedicina requiere desplegar un marco teórico con pretensiones de integralidad para intentar comprender de manera holística y ecológica los sistemas de la vida y las sociedades humanas que la conciben. Este marco conceptual incluye elementos de la propia percepción  de la humanidad en tanto miembros del universo de seres vivos. A la dimensión biológica y social se añade la cognitiva y cultural o con mayor simplicidad; vida, mente y sociedad.

Etnomedicina, es el estudio de las medicinas tradicionales practicadas por diversos grupos étnicos, la cual es fruto y agente catalizador de la cultura que la origina. La palabra etnomedicina se utiliza a veces como sinónimo de la medicina tradicional en especial la practicada por los pueblos ancestrales no occidentalizados. Paradójicamente previo al método científico Cartesiano del siglo XVII, también los pueblos autodenominados de occidente ejercieron sus medicinas tradicionales no basadas aun en la empírica y la medición. Siendo producto cultural por consiguiente, obedece a las lógicas humanas y es profundamente de representación antropológica.

Durante milenios la especie humana ha aprendido a observar los fenómenos de su hábitat, a experimentar con su propio cuerpo, a relacionarse con el entorno vivo, a identificar efectos en la naturaleza, germinando fitoterapia. Es decir, la utilización de las plantas y sus variantes con objetivo terapéutico, ya sea para prevenir – fortalecer el cuerpo, para aliviar o para curar las enfermedades. En otras naturalezas, se buscaba una especie de exorcismo de las energías del mal, como curación a la enfermedad. Estableciéndose una correlación entre energía y espíritus.

La etnomedicina se profundiza en la relación con las representaciones y las prácticas humanas en referencia al sufrimiento, la enfermedad y a la tribulación del cotidiano, menos síntoma y más consenso de creencia  que principio activo farmacológico o complejo de Edipo. La etnomedicina conlleva en su práctica la eco – lógica de una mundo imaginario percibido e interpretado desde la disidencia de las culturas que no llegan aun a la clarividencia de la ciencia absoluta producto de una civilización normatizada (normalizada) que al normar esclaviza, que al buscar la confirmación de la hipótesis segrega al extremo ignorado del intervalo de confianza estadístico a las propias expresiones más naturales de la vida, que se promete proteger.

La Etnomedicina es un término que impone diálogos entre los saberes populares no escolásticos, las clasificaciones vernáculas sobre el cuerpo, la enfermedad y la salud de su contexto social, en anuencia con la realidad biológica de la fisiología, la patología, la semiología y la epidemiología. 
El objetivo de este escueto pero ambicioso marco global de comprensión, puede esbozarse, en dos preguntas: ¿Es la etnomedicina un producto cultural? Y, ¿Cómo la etnomedicina siendo parte del universo (en tanto producto de la humanidad), puede desarrollarse (sobrevivir), manteniendo la vida existente, a pesar de su evidente confrontación con la lógica metodista moderna?

Plutarco Cisneros responde a la primera hipótesis con otra pregunta: ¿Por qué dudarlo, si es un conocimiento que liga naturaleza y antropología?  Allí se fundamenta la razón de su capacidad de coexistir porque la lógica del método moderno no posee hasta hoy respuestas lógicas o harmoniosas con las necesidades de salud de la especie. Considerándose que el concepto salud tampoco es singular y obedece a la concepción de lo que la vida es o debe ser de cada cosmovisión humana.

Producto del saber empírico, las técnicas etnomédicas son eminentemente de tradición y conformación oral, pertenencia y producto de la cultura en la cual se han forjado. Llevan impresa las connotaciones de una visión particular de la realidad y de la contextualidad histórica y ontológica. Como producto humano sobrevivirá mientras las culturas de origen subsistan en el imaginario de los pueblos, pero su paralelismo con la ciencia moderna requiere revisar categorías más complejas.

Al incorporar visiones tan figuradamente distantes como la la teoría de la complejidad, un paradigma no lineal para percibir la globalidad de la vida y las sociedades podemos escudriñar esbozos de respuestas. Grandes interrogantes surgen de esta primera reflexión: ¿Hasta dónde la organización humana (sociedades y culturas) están vivas?, ¿Cuáles son los riesgos que la globalización procrea a través de la ciencia médica occidental sobre los saberes médicos ancestrales?

Profundamente ecológica, la etnomedicina aproxima seres humanos y naturaleza y recorre al  valor intrínseco de todo ser vivo, en una percepción cognitiva tan profunda de las relaciones, que inclusive el calificativo espiritual podría ser acertado. El análisis de los patrones de organización de los seres vivos, merece gran atención, en tanto parámetro de estudio, evolucionando hacia la teoría de los sistemas vivos, que representa el mejor parangón de la teoría de la complejidad, mundo de la dinámica no lineal. Mundo metodológico, poco abordado en el estudio de las ciencias sociales, perteneciente a cosmos de la biología, las ciencias naturales. Su distancia con las cadenas de producción de fármacos, la convierte un personal y compleja, tanto como paradójicamente simple, absurda o contradictoria. Delimitando su singularidad a la cultura de origen, categoría disímil con la universalización que impone la medicina industrial.
Mantener la
 vida y las culturas a la que pertenecemos,  es de por si un objeto pertinente, casi un deber cósmico. La observación empírica humana ha construido una fuente de saberes y de ritos que bajo un término global llamamos etnomedicina, el cual siendo sensibles a la realidad es diversa: las etnomedicinas, pues cada cultura ha desarrollado sus propias maneras y métodos para promocionar la salud o restablecerla cuando se la ha perdido.

Las etnomedicinas no son solo un proceso de cognición, o la representación de un mundo con existencia independiente, sino el producto del alumbramiento de un mundo a través del proceso de vivir. Representa el resultado de una conciencia histórica de la relación entre el ser humano y su entorno biológico natural. Una conciencia que no es solo algo biológico, sino también social, igual que el lenguaje, una comunicación simbólica. El organismo vivo alumbra un mundo estableciendo distinciones, así la interpretación juega rol vital, explicando que no existen los colores en la naturaleza, solo en la mente, como órgano creador e interpretador de la realidad externa a él. Las etnomedicinas son resultado de esa dinámica consiente. Una dinámica no lineal que se presenta como la mejor manera de entender la vida, pero no la más simple. Una cosmovisión donde el ritual absuelve al ser humano, mas allá de la cura, donde la cultura misma puede promover la enfermedad con sus hábitos y representaciones, o simplemente con el acto litúrgico del estándar que califica de anómalo el desvío estadístico de la tendencia central.

La comunicación es la coordinación del comportamiento entre organismos vivos, a través del mutuo acoplamiento  estructural, es decir cambian juntos. Las estructuras sociales nos permiten interactuar, al mismo tiempo que son reproducidas nuestras relaciones. Esta relación es hermenéutica, pues nos permite interpretar la realidad externa a través del yo. La vida es auto poiésica, es decir se regenera a sí misma. La producción de estructuras mentales en las redes sociales es muy diferente de la que tiene lugar en las redes biológicas y ecológicas. Nada tiene sentido por sí solo. Existe una intensión un propósito, que se identifica con la libertad humana. El comportamiento de un sistema vivo esta constreñido, pero no determinado. En una relectura de la significación de cultura, Raymond Williams nos habla de un sistema integrado de valores, creencias y normas de conducta adquiridas. Cultura es por consiguiente una percepción común. En cada cultura el uso y la estructura del poder se descubre de manera diferente, sin embargo, se puede clasificar este poder e identificar cuál es su razón de ser, en la humanidad. En este contexto la medicina de la etnia es parte integrante e integral de la cosmovisión histórica; no existe pueblo con identidad que no fabrique sus propias enfermedades y que no haya exorcizado sus propios males. Esta potestad de enfermar y curar que tienen las culturas humanas es un poder social inherente.

John Kenneth Galbraith descubre que el poder resuelve conflictos. Siendo este su propósito ejemplar.  El objetivo del poder seria resolver conflictos y equilibrar intereses contrapuestos. ¿Es la medicina de una etnia un poder? Erich Fromm distinguía el poder “para” y el poder “sobre”, teniendo este último una connotación negativa. ¿Es la medicina un poder “para”? La capacidad de alivio del dolor o la cura de la enfermedad representan un don, una capacidad, por consiguiente un poder sobre el paciente sometido a la clasificación de enfermo. Fácilmente relacionaríamos este poder curativo como un poder “para”. Y desde esa óptica la eliminación o armonización de las medicinas tradicionales en pro de una medicina occidental científica, reduciría el poder inherente a un pueblo para enfrentar un mal o un problema de salud o al menos creer poder hacerlo con sus propios medios. Actualmente la misma medicina occidental y científica sufre las contravenciones de epidemias de origen oscuro como el Ébola, las cuales filtran los cercos epidemiológicos, descubriendo el carácter antropo-centrista en cuanto al acceso a tratamiento y las debilidades internas de su propia organización.

La verdadera autoridad consistiría en conferir poder a otros para que actúen, según Hannah Arendt. Esta percepción del poder se percibe en el sistema democrático, donde el poder del grupo es transmitido al representante elegido. ¿Acaso al inventar la cura, un pueblo se otorga a sí mismo el poder del equilibrio? Como en las culturas remotas de Asia, donde el Ying y el Yang eran modulados por el tercer poder: El Tao o la fuerza conciliadora que las contiene. Probablemente el poder de las etnomedicinas se halla en su potencialidad para enfrentar la enfermedad de forma endógena, autónoma, en el ritual de su propio lenguaje cultural, y el ejercicio del derecho de vivir y morir de acuerdo a su propia concepción de vida y muerte.

Antony Giddens dijo que El libre albedrio no es acto discreto sino un flujo continuado de conducta. El flujo es la vida, es la continuidad. La continuidad de la vida. Una continuidad que se valida o excluye de acuerdo a su capacidad explicativa de la realidad percibida. La cultura es identidad, con perímetros no físicos con expectativas y lealtades, negociados permanentemente. Pertenencia. Valores compartidos. ¿Se encuentra en la capacidad conciliadora, en el restablecimiento del flujo social, la cura, la normalidad? ¿Es la mejor medicina la que conlleva al equilibrio? En este contexto, en cuanto a fines, son comparables o complementarias la medicina científica occidental y las etnomedicinas?

Desde el siglo XVII cuando Anton Van Leeuwenhoek descubrió los minúsculos microbios, occidente ha percibido la enfermedad como un mal externo al cuerpo, extrapolándose a la idea de lo bárbaro o destructivo que proviene allende fronteras conocidas. Como el microbio invasivo que corrompe la naturaleza interna del cuerpo. Paradoja con la medicina oriental tradicional  la cual basa su concepción en el concepto de chi (o energía vital) equilibrado, que se cree recorre el cuerpo de la persona. Quienes practican esta medicina proponen que el chi regula el equilibrio espiritual, emocional, mental y físico y está afectado por las fuerzas opuestas del yin («energía» negativa) y el yang («energía» positiva). Según la medicina china tradicional, la enfermedad ocurre cuando se altera el flujo del chi y se produce un desequilibrio del yin y el yang. Por consiguiente el fundamento de la enfermedad es de categoría endógena, es decir proviene de la propia inestabilidad del ser.

La etnomedicina se deja percibir como un quehacer vinculante entre dos expresiones de una macrocultura o global cultura. Ambas giran en torno al ser humano, he allí su categoría antropológica. Es una relación de semejantes que permite la aplicación y su uso, un vínculo entre las ciencias sociales y las ciencias biológicas, más aun, interpela la verdadera sostenibilidad de nuestra manera de vivir en tanto especie, ante el paradigma ecológico profundo, donde prima la visión de la calidad de relaciones entre todos los seres vivos. ¿Las sociedades actuales, poseen la capacidad para percibirse en tanto forma, proceso y materia? Pueden identificar sobre todo el proceso como espíritu central de su desarrollo? ¿Poseen un propósito, calificado este, como objetivo trascendente e inherente a la vida? ¿Las sociedades humanas actuales, poseen un propósito consiente en su evolución cotidiana? ¿Lo poseen las etnomedicinas? Para decirlo con precisión, la etnomedicina es la oportunidad que tiene un individuo para enfermarse o curarse de acuerdo a varias opciones o paradigmas culturales.
¿No sería que el modo de producción y subsistencia ha modificado las percepciones y las relaciones de la humanidad con la naturaleza, agudizando ciertos sentidos y amortiguando otros? Fuimos alguna vez una sociedad consiente de las múltiples relaciones con la vida? Fue alguna vez tan profundo el espíritu religioso, que permitió la búsqueda de lo sagrado y la identificación con la vida? ¿Son las etno medicinas espacios de atisbo de una relación olvidada, que paralela al método científico puede guiarnos más allá del dialogo salud-enfermedad? Simplemente las sociedades pre industriales fueron menos destructivas de la naturaleza, porque no tenían las herramientas para expoliarla como se realiza actualmente? Concretamente, existía un vínculo entre la sociedad y un propósito de vida establecido? Si analizamos las sociedades actuales en generalidad, podríamos casi sospechar que si existe un propósito, digamos objetivo para diferenciarlo de la gran visión que un propósito conlleva, ese gran objetivo es “tener”. En ese contexto la salud es una mercancía, un bien a obtener.

Podríamos concebir que vivamos en una sociedad que busca la posesión del objeto como ideal máximo, objetivo a corto y largo plazo. Siendo el papel moneda o cibernético, el objeto de culto y al mismo tiempo símbolo de conquista e identidad. ¿Pero estas características representan algo maligno o enfermo en sí mismo? ¿Podemos juzgar a las culturas y los seres humanos que las crean bajo esta categorización? Evidentemente no. La vida del ser humano conlleva la capacidad de crear y creer y cada sociedad es distinta y diversa, incluso disidente. Disidente partiendo desde el paradigma científico occidental. Una cosmovisión que comparte la historia humana  sin ceder paso al credo científico ni a la nueva religión de la modernidad. La etnomedicina es una manera de vivir la salud y la enfermedad que al permitir la diversidad facilita la disidencia con el imaginario de occidente. La dupla salud - enfermedad aun la inventada según Cisneros, es una forma de vivir de quien la padece pero puede ser una manera de decir en/a su entorno que está vivo, una expresión que requiere ser decodificada, en estos casos la opción de la etnomedicina es tan válida como la ciencia.

Hannah Arendt hace referencia al olvido de la búsqueda de inmortalidad del ser humano. Concebido este deseo de inmortalidad en relación a la identificación de objetivos transcendentes. Se percibe en ese olvido de la búsqueda de inmortalidad una relación con el individuo actual de la sociedad contemporánea, que indaga más bien la atemporalidad y el presente preciso. La cultura contemporánea no está diseñada para acomodar al individuo a otro espacio que el productivo de la sociedad de consumo con una apreciación esmerada de la ovación efímera frente al equilibrio con las cosas, las ideas y con sigo mismo. Ese no es el objetivo contemporáneo sostiene con énfasis Elikura Chihuirilaff, culturista mapuche. Ese equilibrio que las etnomedicinas buscan a través de las energías o los sustratos vegetales.  En estos casos hay espacios para un sanador o curandero de tal manera que el ámbito del saber ancestral puede proyectarse más allá de la frontera que marca una específica forma de curar una dolencia individualizada.

Todos los seres humanos requieren sentir que sus acciones tienen sentido, tener una imagen mental de lo que queremos hacer. Algo trascendente que justifique nuestra diaria vivencialidad. Inventar la enfermedad es romper la armonía, crear el aislamiento, el sin sentido. Solo la vida engendra salud, ella conlleva la capacidad de creer y de crear, y los etnos de las civilizaciones humanas son esos múltiples colores que descubren a nuestro imaginario aun como un escueto catálogo de las maravillas que la vida disidente comparte a las culturas.

¿Qué hacer frente al enfermo de “espanto”? Aplicar la farmacéutica o intervenir en el tratamiento del  curandero? ¿Cómo puede un ser exasperado por su finitud pensar en el equilibrio eterno? ¿Ayudan las etnomedicinas como productos culturales a aceptar la finitud y la muerte, o a relacionar a la muerte como una parte de la vida? Probablemente mientras no sepamos esgrimir respuesta concluyente, la ciencia occidental médica y las etno medicinas convivirán en ese encuentro a veces forzado pero de humildad complementaria que la realidad exige.

Las etno medicinas existirán mientras los pueblos se identifiquen a sí mismos y guarden el valor de creer en sus historias no contadas o hasta que la medicina occidental descubra la manera de inocularse contra la filosofía de la causa efecto lineal. Esa verticalidad que exonera a las emociones humanas como catalizadores de conducta y su relación con la supervivencia de la vida, concluyendo en la prisa que solo el fenómeno transformado en hipótesis es digno de reconocimiento y estudio.


Carlos E. Montufar   

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