miércoles, 20 de junio de 2012
PUNTOS DIVERGENTES
Muchas veces he sostenido que la mayor parte de las enfermedades que vivimos los seres humanos, si no todas, surgen desde el desamor, y se curan desde el amor en el amar. Vivimos inmersos en una cultura que continuamente nos exige que prestemos atención a algo distinto de lo que estamos haciendo en el momento de hacerlo. Esto pasa cuando hago lo que hago con una atención puesta en lo que voy a obtener y no en lo que hago, cuando una atención está en el resultado de mi quehacer y no en el quehacer.
Humberto Maturana, Amor y juego; fundamentos olvidados de lo humano. Granica, 2011.
Imagen: C. Montufar, Puntos divergentes, tempera sobre cartulina negra. mayo 2012
Humberto Maturana, Amor y juego; fundamentos olvidados de lo humano. Granica, 2011.
Imagen: C. Montufar, Puntos divergentes, tempera sobre cartulina negra. mayo 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
LUNA DE EVA
LA LUNA DE EVA
Compré los Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende en el kiosco de periódicos que se encuentra en el interior del estacionamiento del terminal terrestre de Ibarra. Desde hace unos años intento leer literatura escrita por mujeres. Tal vez buscando entender a través de las letras el misterio del amor femenino.
Obviamente, he aprendido muy poco, pues la mujer generalmente se enseña en la cotidianidad y poco a través de signos ni metáforas.
Siguiendo una no tan nueva costumbre, abordé la lectura del libro de atrás para adelante, empezando con el último cuento titulado: De barro estamos hechos. El inicio era el siguiente: “Descubrieron la cabeza de la niña asomada en el lodazal, con los ojos abiertos, llamando sin voz. Tenía un nombre de primera comunión, Azucena…”. Narra la historia del periodista Rolf Carle ante la catástrofe de una niña sepultada entre el lodo. Ese lodo que le recordaba su propia opresión ante la realidad. Sin embargo y a pesar de ser uno de los cuentos mejor logrados – lo confirmaría al leer casi todo el libro – el final me dejaba una cierta insipidez. “Estas de vuelta conmigo, pero ya no eres el mismo hombre. – como su pudiéramos ser los mismos luego de tanta vivencia -. A tu lado, yo espero que completes el viaje hacia el interior de ti mismo y te cures de las viejas heridas. Sé que cuando regreses de tus pesadillas caminaremos otra vez de la mano, como antes”.
Sé muy bien que nunca regresamos al antes. Todo es anonadantemente nuevo en la vida. Aun cuando torcemos la espiral, los actos no son idénticos. En realidad jamás volvemos, solo nos repetimos.
En Niña perversa, el relato se lanza al ruedo con este párrafo: A los once años Elena Mejías era todavía una cachorra desnutrida, con piel sin brillo de los niños solitarios… narra la historia de un encuentro tórrido y pederastio que se desvanece en el tiempo para la mujer pero se convierte en un alfiler en la memoria de J.J. Bernal. La historia concluye con una frase bastante bien lograda “no guardaba ningún rencor de aquel jueves remoto”.
Pero quizás el más representativo de lo que quiero contar es el cuento titulado Si me tocaras el corazón. Inicia con este texto: Amadeo Peralta se crió en la pandilla de su padre y llego a ser un matón, como todos los hombres de su familia. El final es tan insustancial y descolorido, o será que me he vuelto muy exigente luego de tanta lectura. Es el amor de un cacique que encierra a su amada toda su vida en un desván. El texto se extingue con este párrafo: “No sabía porque estaba en esa tumba y poco a poco olvido también el mundo de la luz, abandonándose a la desdicha”.
Este libro fue publicado por vez primera en 1990 reza la solapa interna de la caratula. 9 años después fue Random Hause Mondadori S.A quien realizaría una segunda impresión. En 1990 yo estaba en pleno apogeo como estudiante de medicina y en la política en la universidad e Isabel Allende no existía en mis imaginarios literarios.
¿Pero por qué me he dedicado a este recorrido desordenado de cuentos inconclusos y temas enredados? Percibo que los finales de los cuentos de Eva Luna no se corresponden ni en creatividad ni en estética con los inicios. La expectativa que abren los personajes narrados en sus primeras líneas, no siguen, no rematan con el misterio y el arte necesario. Se percibe la cotidianidad, la casi normalidad en el gesto ultimo y entonces todo vuelve a la insípida normalidad. El cuento se deshace. No siempre, pero si generalmente.
En realidad, se percibe que Eva Luna no conoce el verdadero final de sus cuentos. Es casi imposible saber el final de su propia creación, porque es como los humanos que liberados del big ban creador adoptan personalidad propia y de deshilvanan en el destino. Es muy difícil crear un final adecuado para un cuento porque en realidad el final no existe, es una invención de nuestro imaginario, igual que la vida misma.
Aun luego de muertos, otro toma el relevo y la vida continua llevando las trazas del pasado. Las huellas emocionales, las piedras en ruina. El polvo de la creación ultima por reciente.
No existe ni el principio ni el final. Nunca sabemos en qué momento comenzó la historia, ni cuando acaba. Arbitrariamente damos nacimiento a la primera palabra e intentamos decir la última pero es solo eso: un esbozo arbitrario de las almas organizadas que recurren a brújula para vivir.
c.montufar@copyright2012
Compré los Cuentos de Eva Luna de Isabel Allende en el kiosco de periódicos que se encuentra en el interior del estacionamiento del terminal terrestre de Ibarra. Desde hace unos años intento leer literatura escrita por mujeres. Tal vez buscando entender a través de las letras el misterio del amor femenino.
Obviamente, he aprendido muy poco, pues la mujer generalmente se enseña en la cotidianidad y poco a través de signos ni metáforas.
Siguiendo una no tan nueva costumbre, abordé la lectura del libro de atrás para adelante, empezando con el último cuento titulado: De barro estamos hechos. El inicio era el siguiente: “Descubrieron la cabeza de la niña asomada en el lodazal, con los ojos abiertos, llamando sin voz. Tenía un nombre de primera comunión, Azucena…”. Narra la historia del periodista Rolf Carle ante la catástrofe de una niña sepultada entre el lodo. Ese lodo que le recordaba su propia opresión ante la realidad. Sin embargo y a pesar de ser uno de los cuentos mejor logrados – lo confirmaría al leer casi todo el libro – el final me dejaba una cierta insipidez. “Estas de vuelta conmigo, pero ya no eres el mismo hombre. – como su pudiéramos ser los mismos luego de tanta vivencia -. A tu lado, yo espero que completes el viaje hacia el interior de ti mismo y te cures de las viejas heridas. Sé que cuando regreses de tus pesadillas caminaremos otra vez de la mano, como antes”.
Sé muy bien que nunca regresamos al antes. Todo es anonadantemente nuevo en la vida. Aun cuando torcemos la espiral, los actos no son idénticos. En realidad jamás volvemos, solo nos repetimos.
En Niña perversa, el relato se lanza al ruedo con este párrafo: A los once años Elena Mejías era todavía una cachorra desnutrida, con piel sin brillo de los niños solitarios… narra la historia de un encuentro tórrido y pederastio que se desvanece en el tiempo para la mujer pero se convierte en un alfiler en la memoria de J.J. Bernal. La historia concluye con una frase bastante bien lograda “no guardaba ningún rencor de aquel jueves remoto”.
Pero quizás el más representativo de lo que quiero contar es el cuento titulado Si me tocaras el corazón. Inicia con este texto: Amadeo Peralta se crió en la pandilla de su padre y llego a ser un matón, como todos los hombres de su familia. El final es tan insustancial y descolorido, o será que me he vuelto muy exigente luego de tanta lectura. Es el amor de un cacique que encierra a su amada toda su vida en un desván. El texto se extingue con este párrafo: “No sabía porque estaba en esa tumba y poco a poco olvido también el mundo de la luz, abandonándose a la desdicha”.
Este libro fue publicado por vez primera en 1990 reza la solapa interna de la caratula. 9 años después fue Random Hause Mondadori S.A quien realizaría una segunda impresión. En 1990 yo estaba en pleno apogeo como estudiante de medicina y en la política en la universidad e Isabel Allende no existía en mis imaginarios literarios.
¿Pero por qué me he dedicado a este recorrido desordenado de cuentos inconclusos y temas enredados? Percibo que los finales de los cuentos de Eva Luna no se corresponden ni en creatividad ni en estética con los inicios. La expectativa que abren los personajes narrados en sus primeras líneas, no siguen, no rematan con el misterio y el arte necesario. Se percibe la cotidianidad, la casi normalidad en el gesto ultimo y entonces todo vuelve a la insípida normalidad. El cuento se deshace. No siempre, pero si generalmente.
En realidad, se percibe que Eva Luna no conoce el verdadero final de sus cuentos. Es casi imposible saber el final de su propia creación, porque es como los humanos que liberados del big ban creador adoptan personalidad propia y de deshilvanan en el destino. Es muy difícil crear un final adecuado para un cuento porque en realidad el final no existe, es una invención de nuestro imaginario, igual que la vida misma.
Aun luego de muertos, otro toma el relevo y la vida continua llevando las trazas del pasado. Las huellas emocionales, las piedras en ruina. El polvo de la creación ultima por reciente.
No existe ni el principio ni el final. Nunca sabemos en qué momento comenzó la historia, ni cuando acaba. Arbitrariamente damos nacimiento a la primera palabra e intentamos decir la última pero es solo eso: un esbozo arbitrario de las almas organizadas que recurren a brújula para vivir.
c.montufar@copyright2012
miércoles, 16 de mayo de 2012
jueves, 12 de abril de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
IMPOSIBLE NO TRASCRIBIRLO. GUNTER GRASS
"Lo que se debe decir"
Por qué guardé silencio, demasiado tiempo
sobre lo que es obvio y que fue ensayado
en juegos de guerra, a cuyo fin solo seremos
en todo caso notas al pie de página.
El presunto derecho a un ataque preventivo,
que podría destruir al pueblo iraní
oprimido por un bravucón
y guiado hacia el júbilo organizado
porque se supone que en su territorio
se construye una bomba atómica.
¿Pero por qué me prohíbo,
mencionar el nombre de ese otro país,
en el cual hace años –aunque en secreto–
existe un creciente potencial nuclear
pero fuera de control, porque no es sometido
a ninguna inspección?
El silencio generalizado sobre este hecho,
al que se ha subordinado mi silencio,
lo considero una mentira inaguantable
y la presión, que amenaza con castigo,
en cuanto no es acatado;
el veredicto de “antisemitismo” es corriente.
Pero ahora, porque desde mi país,
que por crímenes muy propios,
que no admiten comparación,
es una y otra vez atrapado y debe dar explicaciones,
de nuevo y como si fuera normal, aunque
declarado sin esfuerzo como reparación
se debe entregar otro submarino a Israel
cuya especialidad es enviar ojivas destructoras
a un sitio donde la existencia
de una sola bomba no ha sido probada
donde solo el temor sirve de prueba
digo lo que hay que decir.
¿Pero porqué guardé silencio hasta ahora?
porque pensé que mi origen,
que está marcado por un baldón imborrable,
prohíbe, imputar ese hecho como verdad expresada
al país Israel, al que estoy unido
y quiero seguirlo estando
¿Por eso lo digo solo ahora,
envejecido y con mi última tinta:
la potencia atómica Israel amenaza
la ya frágil paz mundial?
porque hay que decir,
lo que ya mañana podría ser demasiado tarde;
también porque nosotros –como alemanes suficientemente incriminados–
podríamos llegar a proveer un crimen,
que es previsible, por lo cual nuestra culpabilidad
no podría ser borrada
por ninguna de las excusas acostumbradas.
Y confieso: ya no me callo,
porque estoy cansado de la hipocresía de Occidente
además se puede esperar,
que muchos se puedan liberar del silencio,
exigir la renuncia a la violencia a
los promotores del peligro visible
y al mismo tiempo insistir,
en que un control ilimitado y permanente
del potencial atómico israelí
y de las instalaciones atómicas iraníes
por una institución internacional
sea permitido por los gobiernos de ambos países.
Solo así será posible ayudar a israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos, los que
en esa región ocupada por el delirio
viven enemistados estrechamente
y finalmente a nosotros mismos.
Gunter Grass 2012, Alemania.
Por qué guardé silencio, demasiado tiempo
sobre lo que es obvio y que fue ensayado
en juegos de guerra, a cuyo fin solo seremos
en todo caso notas al pie de página.
El presunto derecho a un ataque preventivo,
que podría destruir al pueblo iraní
oprimido por un bravucón
y guiado hacia el júbilo organizado
porque se supone que en su territorio
se construye una bomba atómica.
¿Pero por qué me prohíbo,
mencionar el nombre de ese otro país,
en el cual hace años –aunque en secreto–
existe un creciente potencial nuclear
pero fuera de control, porque no es sometido
a ninguna inspección?
El silencio generalizado sobre este hecho,
al que se ha subordinado mi silencio,
lo considero una mentira inaguantable
y la presión, que amenaza con castigo,
en cuanto no es acatado;
el veredicto de “antisemitismo” es corriente.
Pero ahora, porque desde mi país,
que por crímenes muy propios,
que no admiten comparación,
es una y otra vez atrapado y debe dar explicaciones,
de nuevo y como si fuera normal, aunque
declarado sin esfuerzo como reparación
se debe entregar otro submarino a Israel
cuya especialidad es enviar ojivas destructoras
a un sitio donde la existencia
de una sola bomba no ha sido probada
donde solo el temor sirve de prueba
digo lo que hay que decir.
¿Pero porqué guardé silencio hasta ahora?
porque pensé que mi origen,
que está marcado por un baldón imborrable,
prohíbe, imputar ese hecho como verdad expresada
al país Israel, al que estoy unido
y quiero seguirlo estando
¿Por eso lo digo solo ahora,
envejecido y con mi última tinta:
la potencia atómica Israel amenaza
la ya frágil paz mundial?
porque hay que decir,
lo que ya mañana podría ser demasiado tarde;
también porque nosotros –como alemanes suficientemente incriminados–
podríamos llegar a proveer un crimen,
que es previsible, por lo cual nuestra culpabilidad
no podría ser borrada
por ninguna de las excusas acostumbradas.
Y confieso: ya no me callo,
porque estoy cansado de la hipocresía de Occidente
además se puede esperar,
que muchos se puedan liberar del silencio,
exigir la renuncia a la violencia a
los promotores del peligro visible
y al mismo tiempo insistir,
en que un control ilimitado y permanente
del potencial atómico israelí
y de las instalaciones atómicas iraníes
por una institución internacional
sea permitido por los gobiernos de ambos países.
Solo así será posible ayudar a israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos, los que
en esa región ocupada por el delirio
viven enemistados estrechamente
y finalmente a nosotros mismos.
Gunter Grass 2012, Alemania.
jueves, 5 de abril de 2012
ODALISCAS
EN EL ORDEN DEL SABER, LA EQUIVOCACION ES SIEMPRE LO PRIMERO
(Gaston Bachelard, 1975)
Nosotros (los humanos) nos dejamos llevar de la impaciencia y del inmediatismo. Sin embargo soñamos con la inmortalidad. Ella (la inmortal) es paciente, es segura, se sabe en misión eterna. Nosotros tenemos la convicción de la muerte, 89 o 70 años después, llegara. Sin dudas.
Construir como si no fuéramos a morir, nos permite ser eternos en el instante, ilusos, pero también permanentes en el detalle, en el amor al arte, a la vida.
Esta web es eso, la lucha eterna cada día por la inmortalidad. Aun sabiendo el resultado final de la batalla, combatir!
Paradoja, no aprecio la reproducción. Ese mecanismo biológico repetitivo y necio que nos permite llamarnos padres. La reproducción es una forma de inmortalidad indirecta. Sirve emocionalmente más a los padres que a sus vástagos. Este apreciar ha tenido excepciones, no puedo dejar de anotarlo.
El saber es pensamiento, intelecto razón. Reconozco que muchas veces pensamos algo para justificar lo que sentimos, más aun, inventamos teorías retoricas para evidenciar y validar nuestras emociones más profundas. Bien manifiesta Ratzinger que para llevar a cabo rectamente la función de la razón, esta ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se pude descartar totalmente (Carta Encíclica, Deus Caritas Est del sumo pontífice Benedicto XVI sobre el Amor Cristiano, 2006).
La ciencia es la religión de los tiempos modernos o para decirlo con exactitud, de los últimos tres siglos. La epistemología acepta los límites y errores de la ciencia. Las supuestas infalibilidades comienzan a deshacerse, incluyendo la que se le atribuye al Papa. Bien preguntaba Fidel Castro, ¿Qué hace un Papa?
Cuando la relatividad hace todo nebuloso, ¿Qué nos queda como asidero?
Ahora que sabemos que los místicos tenían razón, que no solo gira la tierra sino también el sol en una elipse de 26.000 años explicando el horóscopo. Ahora que conocemos que no estamos quietos ni cuando morimos, cuál será el punto de apoyo que nos dará la inferencia hacia el presente?
Queda la filosofía como amor a la ciencia, amor a la vida, al descubrimiento a la búsqueda eterna. Y más allá aun, simplemente queda el amor. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un solo mandamiento en el Cristianismo. El amor es más fuerte que la muerte repetía el místico Eckart. Al final del camino o al principio, solo nos queda el amor.
Entonces, en el desván de mis libros, escucho el murmullo de la vida que se escurre entre los parlantes y percibo el viejo estribillo de 1931 del Trío Matamoros, el mismo que me resucitó en Bruselas.
“..Que tú me quieres dejar, que yo no quiero sufrir, contigo me voy mi Santa aunque me cueste morir…”
Y nada importa si te dejan, lo importante es que tú no te dejes nunca. El dolor es parte de la vida, el sufrimiento en cambio es el dolor inventado por el temor a lo que vendrá, por ver lo que no existe. Y de todas formas bien vale la pena vivir o morir por amor, porque de eso se trata precisamente. Todo lo que has dado, es lo ganado. Así que como canta el estribillo, “contigo me voy mi Santa aunque me cueste morir…” me parece algo relativamente colindante del amor Cristiano que no se busca a sí mismo, sino que, precisamente en su disponibilidad a perderse a sí mismo a favor del otro, se manifiesta en cultura de la vida.
Carlos Montufar S@copyright 2012
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